2022-07-07 [Num. 886]


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Columnistas  - Reflexiones en Sión

Yaacov Amar Rothstein

Yacov rothstein
Por Yaacov Amar Rothstein
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Nacido en Bogotá, Yaacov Rothstein fue ex-mazkir de Kineret Tnuat Noar y ex-alumno del Colegio Colombo Hebreo. A los 18 años hizo aliá y realizó estudios de agricultura Hi-tech en Sde Eliyahu. En Jerusalem realizó estudios de Tora con los alumnos directos de Rav Kook z"l. Prestó servicio militar como combatiente en las fuerzas especiales del Ejército Israelí. Actualmente es representante de las Juventudes Sefaradíes en la Organización Sionista Mundial, conferencista, asesor de la organización Bodedim BeYachad y estudiante de ingeniería en la Universidad Ben־Gurion.

Es preferible un sabio a un profeta

2022-03-02

Rabi akiva

10 de Adar alef, 5782

Beer Sheva, Israel 

“Es preferible un sabio a un profeta” (Baba Batra 12a). Seamos sinceros, los profetas fracasaron en su objetivo tratando de que Israel hiciera Teshuvá. Solo piensen que durante por casi 1000 años nuestro pueblo tuvo profetas y aún así nuestros antepasados cayeron en pecados tan graves como la idolatría etc. Suena extraño pensar que personas tan enormes como Ishayahu o Zejaria no hayan logrado que Israel cumpliera la Torá.

Por otro lado tenemos a los sabios de Israel. Los jajamim (sabios) durante todas las generaciones sin duda han sido personas con capacidades de pensamiento inigualables. Los sabios de Israel lograron que nuestro Pueblo fuéramos fieles a Hashem durante milenios, a pesar que los sabios no lograron tener la experiencia trascendental profética.

¿Cómo puede ser que los rabinos sí lograron lo que los profetas no?

Tras la destrucción del primer Templo de Jerusalem se detuvo la profecía y los herederos de las enseñanzas proféticas pasaron a ser los sabios de Israel. Comienza una nueva etapa en nuestro pueblo en donde los líderes éticos son los rabinos; ahora depende de ellos guiar a Am Israel en la buena conducta. La consecuencia con los rabinos, en términos generales, fue el Pueblo de Israel absorbió mucho mejor la Torá y así se acercó más al monoteísmo.

El método que nuestros sabios utilizaron para ayudarnos a volver al monoteísmo fue enfatizar el cumplimiento de las leyes, es decir, fue por medio de la Halajá. 

Solo piénselo de este modo:

Cuando un judío se despierta en la mañana, lo primero que debe hacer es decir Mode Ani. Aunque el judío recién madrugado quiera restregarse los ojos, por Halajá no se puede tocar la cara sin antes lavarse las manos (netilá). Cuando va a ir a lavarse las manos debe hacerlo con un recipiente que no tenga fisuras. Una vez encontró un recipiente así, el judío debe llenarlo por lo menos 86 mililitros (Rebiit). Está prohibido que el agua esté caliente. Una vez está lleno el recipiente, el judío debe lavar primero la mano derecha, luego la izquierda, luego la derecha… así alternando seis veces. Si a lavarse las manos el agua no llegó hasta la muñeca, el judío debe volverlo a hacer, etc.

¿Si entienden? El judío está recién despertado en la madrugada y no puede ni siquiera tocar su rostro sin antes hacer todo este procedimiento. Y este es solo un ejemplo pequeño, pues Halajá nos acompaña en cada aspecto de nuestras vidas, en cada actividad que hacemos, en cada segundo.

La Halajá nos guía y enseña a cómo sentarnos, a cómo hablar, a cómo comer, a cómo vestirnos etc. La Torá nos guía desde que el judío hace su Bar o Bat Mitzva y no deja de cumplirla sino hasta cerrar sus ojos el último día de su vida. Escuchamos estas instrucciones porque son nuestra vida y lo que nos prolonga (Devarim 30:20).

Los sabios de Israel lograron mantener al Pueblo Judío unido y conectado a Hashem durante el exilio. Lograron transmitirnos la tradición profética que se había entregado en el monte Sinaí a través de la Torá Oral. Pero por otro lado, la consecuencia de esto es que durante todo el exilio los judíos nos volvimos “personas pequeñas”.

Durante la época del Tanaj las personas comunes y corrientes eran realmente enormes espiritualmente. Nuestros antepasados durante la época del primero Templo eran de un nivel al que nadie en nuestros días le llegaría ni a los talones. Pero a pesar de ser tan formidables, cometían errores como la idolatría. Es decir, los sabios de Israel lograron hacer “personas pequeñas pero buenas”, mientras que los profetas lograron hacer “personas enormes pero no tan buenas”.

No hay duda que nuestra generación es una de las más impresionantes de la historia de nuestro pueblo. Somos la generación que logró retornar a su tierra después de 2000 años de exilio. Nuestro rol ahora que volvimos a casa (Israel) debe ser unir lo que enseñaron los profetas y lo que enseñan los sabios. De ese modo lograremos hacer una síntesis de ambos y así nuestras futuras generaciones serán “personas enormes y buenas”. Que Beezrat Hashem hagamos Teshuvá y sigamos impulsando la reconstrucción del Estado de Israel para que Eliahu sea enviado, amén.

כִּי הוּא חַיֶּיךָ וְאֹרֶךְ יָמֶיךָ, לָשֶׁבֶת עַל הָאֲדָמָה אֲשֶׁר נִשְׁבַּע ד' לַאֲבֹתֶיךָ



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