Hashavua Año 12 - 26 de Marzo de 2017

Gaza 
Por: León Celnik

No creo que haya un solo ser civilizado con algo de humanidad y dignidad que disfrute de la muerte de alguien. Es la filosofía fundamental del Estado de Israel, quien siempre ha antepuesto el valor de la vida de judíos, musulmanes, cristianos o cualquier otro grupo humano por igual, dentro o fuera de sus fronteras, por encima de cualquier otra consideración y esto lo han entendido quienes vehementemente desean su destrucción, aprovechando esta aparente debilidad para atacarle despiadadamente desde cualquier posición, mediante el fuego o las palabras. La izquierda o la derecha internacional, opuestas pero unidas en esta causa, igualmente ponzoñosas y tan o más dañinas que los cohetes del Hamas, siendo manipulados y manipulando a través de los medios la opinión mundial, no pierden oportunidad de dirigir sus embates en contra de quienes defienden los valores más preciados del ser humano, que ellos mismos pretenden resguardar. Lo que hace Israel, lo hace por la supervivencia de sus habitantes.

La Franja de Gaza fue parte del Imperio Otomano desde el siglo XVI hasta la Primera Guerra Mundial, en 1917;  ocupada por el Imperio Inglés hasta 1948, por el plan de partición de las Naciones Unidas pasó a depender de Egipto hasta la “Guerra de los Seis días” en 1967, cuando Israel la ocupó y tuvo a su cargo hasta 1994. A raíz de los acuerdos de paz de Oslo, fue entregada a la Autoridad Nacional Palestina para su administración. En 2007, el “Grupo Terrorista Hamas” (calificado así internacionalmente por las Naciones Unidas, los Estados Unidos y la Unión Europea) tras cruentas y sanguinarias revueltas intestinas, expulsó al propio gobierno de la ANP y tomó el poder, hasta la fecha. Israel retiró su total presencia física del territorio en 2005, a pesar de las dramáticas y dolorosas protestas de los habitantes judíos de la zona a quienes desplazó hacia nuevas ubicaciones en el interior del país.

El gobierno fundamentalista del Hamas nunca ha reconocido al Estado de Israel y por el contrario, propugna pública y oficialmente su odio hacia el pueblo judío y la destrucción de este país, que ellos denominan “la entidad sionista”, lenguaje de sus patrocinadores oficiales, el gobierno iraní, el mismo que ha catalogado como “gran mentira” el holocausto nazi y ha prometido “borrar a Israel del mapa” ante la inmutabilidad y el silencio del mundo (en especial de las mismas organizaciones de “derechos humanos” que ahora atacan despiadadamente a Israel) y el sirio donde viven sus dirigentes con todas las comodidades de estar lejos de la batalla. Nunca ha aceptado las conversaciones y los acuerdos o los planes de paz y de hecho los rechaza rotundamente. Jamás respetó la tregua declarada por ellos mismos, lanzando día y noche misiles explosivos (3000 solo durante el año 2008) indiscriminadamente contra poblaciones civiles en territorio israelí. Mantienen rehenes a su propia población civil palestina de la Franja, invirtiendo en armas y municiones la mayoría de los dineros que gobiernos y organizaciones amigas les entregan, manteniendo en la miseria, el hambre y la enfermedad a su pueblo, para culpar de ello al gobierno Israelí ante el mundo, su mejor y más eficaz propaganda. Sus militantes perpetradores se esconden en edificios llenos de civiles, preferiblemente mujeres y niños, para desde ahí disparar su mortífero armamento contra las poblaciones israelíes.

No habiendo otra alternativa viable, ni diálogo posible, dolorosamente Israel una vez más se ha visto obligado a movilizar sus fuerzas armadas para tratar de contener la continua amenaza a su propia existencia, aun a sabiendas del inevitable derramamiento de sangre, propia y ajena, tratando de minimizar las bajas civiles, asumiendo los costos políticos y sociales, como lo ha hecho durante sus 60 años de vida.

No pretendo decir que Israel sea un país perfecto, que por supuesto no lo es, ni que no haya cometido errores, como cualquier otro, sino demostrar como la manipulación de los eternos enemigos del pueblo judío a través de su historia  han encontrado las más variadas razones y formas para exteriorizar su irracional y perenne desprecio hacia este pueblo, representado ahora por su hogar nacional, el Estado de Israel, resurgido después de 20 siglos de su destrucción y posteriores, dolorosas y trágicas persecuciones y holocaustos, como ningún otro en la historia de la humanidad.