Recientemente el señor Antonio Guterres, secretario general de la debilitada ONU, felicitó a Irán por su 47° aniversario de la Revolución Islámica.
La Revolución Islámica en 1979, se trató de una búsqueda del pueblo por “un cambio”, y el cambio se dio. Se cambió la monarquía del Sha Mohammed Reza, pro-occidental, por la tiranía de una teocracia Chiíta con el Ayatola Ruholla Jomeini. La población no sabía o no entendió lo que le esperaba.
El gobierno bajo el Sha, buscaba la modernización del país, la reforma agraria y estrechar las relaciones con los países de occidente. Se impulsaba el desarrollo industrial y la educación. Aunque este régimen se caracterizaba por la corrupción y la desigualdad, lo que motivó a la revolución.
La corrupción se reflejaba en la acumulación de riqueza familiar y el nepotismo (nombramiento de familiares en cargos públicos).
A partir del gobierno del Ayatola Jomeini la población vivió transformaciones profundas y muy duras en términos de libertades y bienestar social.
El nuevo sistema teocrático limitó la democracia, la oposición política fue reprimida y el poder quedó en manos de los “Guardianes de la Revolución”, que opera el petróleo, la construcción, la política y la economía. Se encarga de reprimir las disidencias y las protestas, ejecutan operaciones encubiertas fuera de Irán apoyando grupos terroristas aliados, trabajan con la Basij y la policía de la moral, que ejercen un control severo y represivo especialmente hacia las mujeres limitando por completo sus derechos.
Aparte de las restricciones civiles del Ayatola se impuso la interpretación estricta del islam Chiita lo que afectó la libertad de expresión de la prensa, del arte, de la cultura, de estudiantes, la vestimenta y hasta la vida privada. El impacto más notorio se ha visto sobre las mujeres: el uso obligatorio de la hijab (como burka), prohibición de estar en ciertos espacios, restricciones de matrimonio y divorcios.
No es la primera vez que una manifestación civil de protesta el Ayatola asesina a cientos de miles de ciudadanos, también durante la guerra con Irak entre 1980 y 1988 dejó miles de muertos, destrucción económica, generaciones traumatizadas y militarización del país.
La actual crisis económica (en la que, por supuesto, el Ayatola y sus familiares y seguidores viven bastante cómodamente), y el desenfreno por el desarrollo nuclear que le hizo ganar sanciones de occidente, resultó en una inflación altísima, desempleo, pobreza creciente y emigración masiva de profesionales.
Ni qué decir de las minorías de otras religiones están en constante presión y limitaciones.
La felicitación emitida por Guterres de la ONU a Irán, demuestra, o bien la ignorancia, o tal vez, la posición política del secretario, que deja raspar constantemente el cobre de su ideología. ¿Quizás ambas cosas?
No existe una solución fácil ni adecuada que no sea por medio de las armas. El occidente con su educación moral y ética insiste en “conversaciones”, diálogos o pactos o como se le quiera llamar, que la mentalidad islámica jamás va a manejar, porque para entenderlos hay que ser islámico o entender su cultura con estándares morales y éticos totalmente diferentes a los que manejamos en occidente.
Dios nos libre. Dios haznos inteligentes y visionarios. Dios danos sabiduría y fuerza, para que el mundo no caiga en manos de tiranos ni de idiotas útiles a regímenes teocráticos como el del Ayatola y sus pretensiones de llegar a cada rincón del planeta.




