Por: Yaacov Amar Rothstein
Todos decimos que queremos ser libres y ser dueños de nuestro destino, pero cuando la puerta de la jaula por fin se abre, muchas veces dudamos en salir. ¿Por qué? La salida de Egipto nos da las lecciones ideológicas más profundas sobre la condición humana y nuestro miedo nacional a la libertad, porque para entender este miedo, hay que mirar cómo funcionaba la vida en Egipto.
Egipto es descrito como el vientre en el que Pueblo de Israel nos formamos y por eso la esclavitud venía con una trampa psicológica arraigada [1]. Vivir como esclavo allá era el equivalente a ser un “sirviente del Estado” bajo un sistema que te controla por completo y en donde no tienes capacidad de decidir [2]. Como esclavo se trabaja bajo opresión, pero al fin de cuentas, la supervivencia del esclavo está garantizada ya que el amo, por su interés propio, se asegurará de que su esclavo tenga un techo y un plato de comida para que pueda seguir trabajando al día siguiente [3]. Es una vida miserable, pero es una vida predecible y “segura” para el esclavo. Es una zona de confort, aunque dolorosa.
Cuando milagrosamente Hashem nos libera de Egipto, Israel comenzamos nuestro trayecto por el desierto. Aquí es donde nos topamos con la realidad de la libertad: saber que ya no tendríamos a ese amo egipcio que nos dé comida y techo asegurados. Ser libre en el desierto es dar el salto a la independencia. De repente, como ser humano con libertad, tienes que hacerte cargo de tu destino. Tienes (como nación) que enfrentar la incertidumbre constante, tomar decisiones, asumir riesgos y hacerte responsable de tu propio éxito o fracaso [4]. La libertad es maravillosa, pero es muy pesada.
Al enfrentarse a esta nueva etapa de responsabilidad, ocurrió algo muy humano y es que el pueblo empezó a extrañar su antigua jaula, a pesar de los latigazos y la opresión egipcia. Así comenzaron a quejarse contra Moshe por la incertidumbre del desierto. El pueblo lloraba por la falta de agua [5] y hasta sorprendentemente quejándose del maná porque “extrañaban la carne que comían en Egipto” [6]. Su mentalidad seguía siendo la de esclavos que preferían la falsa seguridad del cautiverio en el exilio antes que la madurez que exige ser personas verdaderamente libres. [7]
El punto máximo de este miedo se vio cuando Israel tuvieron la oportunidad de entrar por fin a la tierra prometida. Enviaron a 12 espías para revisar el lugar, pero estos regresaron aterrorizados al ver gigantes, ver ciudades amuralladas y así darse cuenta de que tendrían que pelear guerras para liberar ese territorio [8]. El miedo a la independencia política y militar los paralizó [9]. La responsabilidad fue demasiado grande para una generación que estaba acostumbrada a que otros decidieran por ellos, como en Egipto en donde el que manejaba este tipo de asuntos era el faraón [10]. O sea, el Israel recién liberado no estaba listo para luchar porque psicológicamente el desafío era muy grande [11]. Es mucho más fácil sacar a una persona de la esclavitud física que arrancar la mentalidad de esclavo de su cabeza.
Debido a su incapacidad para asumir el precio de la libertad, esa generación entera fue condenada a vagar por el desierto durante 40 años. Tuvieron que esperar a que los viejos patrones de pensamiento desaparecieran para que así llegara una nueva generación criada en libertad [12]. Un Israel sin los traumas ni la dependencia que sus antepasados tenían del exilio. Un Israel listo para asumir la responsabilidad de su propio destino y listo para combatir las batallas que requiera para tener una independencia nacional.
Hoy, Am Israel todavía estamos viviendo ese proceso y debemos seguir eligiendo lo que nos hace libres, sin miedo a tener nuestra libertad completa. Con ayuda de Hashem, que este Pesaj venga Eliahu y anuncie el desenlace de todo este alto precio.
13 de Nisan 5786
Israel
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