Imprímeme

Y amarás... Y no odiarás...

Por: Rav Daniel Shmuels

Es nuestra costumbre, de acuerdo al Nusaj Ari Zal, antes de iniciar la Tefilá de Shajarit, tomar sobre nosotros, la Mitzvá positiva de "Ve'ahavta Le'reja Camoja (Devarim 19:18)"; es decir, amar al prójimo como a uno mismo. Esto lo hacemos todos los días de nuestra vida en las mañanas cuando nos disponemos a rezar, antes de llevar a cabo cualquier actividad cotidiana, para que no se nos olvide llevar a cabo este Mandamiento positivo, es un recordatorio diario de la importancia que es amar al prójimo, un recordatorio que enfatiza el hecho que no nos podemos presentar frente a Dios sin asumir este amor incondicional y permanente hacia otro judío; pero la pregunta del millón es, ¿llevamos a cabo completamente esta Mitzvá? 

De este tema se han escrito cantidades de Vorts, Sijot y Seforim; por lo cual, un escrito más sólo puede propiciar un poco más de claridad frente al Mandamiento positivo de amar al prójimo y en mi opinión personal esta Mitzvá es la que envuelve todas aquellas Mitzvot que conocemos bajo el nombre de Mitzvot SheBein Adam Le'Javero (Mandamientos entre el hombre y su semejante). La semana pasada enumeré las Mitzvot negativas de la Parashá de Kedoshim que me parecen más relevantes hoy en día dentro de nuestra cotidianeidad; en mi opinión, dichas prohibiciones tienen como único objetivo lograr que tengamos una relación armónica con nosotros mismos, con nuestros semejantes y con Dios. Sin embargo, esta tarea no es tan fácil como parece y es por ello que la Torá nos proporciona una serie de prohibiciones que nos ayudan a cumplir tal Mitzvá positiva; es más, para facilitar el cumplimiento de esta Mitzvá, Baruj HaShem, nuestros sabios crearon cercos Halájicos que nos permiten lograr este objetivo, todo con la finalidad de amar a nuestro prójimo.

El Talmud, en Shabat 31a, nos relata lo siguiente: "Un no judío vino en una ocasión donde el gran sabio Hilel diciéndole: 'Me quiero convertir al judaísmo con la condición que me enseñe toda la Torá mientras esté parado en un pie'. Hilel lo aceptó para convertirse y le dijo: 'No hagas a otros lo que detestarías que te hicieran a ti. Esa es toda la Torá, todo lo demás es comentario, ve y apréndelo'". Esa es la importancia  de la Mitzvá de amar al prójimo como a uno mismo. Entonces, al no cometer infracciones como no robar, no chismosear, no avergonzar a otro judío, no guardar rencor, no tomar venganza y en general no odiar a otro judío estamos llevando a cabo la Mitzvá positiva de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. 

Si bien, todos esos actos prohibidos directamente por la Torá son recurrentes en nuestro diario vivir y tienen un efecto negativo sobre nuestra Neshamá, creo que nos vemos más comúnmente afectados hoy en día por el chisme, lo que conocemos como Lashón HaRá, la lengua viperina o la mala lengua. El asunto con Lashón HaRá es bastante complicado, porque a diferencia de la creencia común, este acto no refleja una mentira; al contrario, lo que se está diciendo es una verdad, una verdad en donde la persona implicada no está presente y frente a esto es muy fácil caer. Entonces; puntualmente hablando, Lashón HaRá es una verdad de alguien en donde la persona implicada no está presente para defenderse y donde la "intención" de la información dada no procura el bien del prójimo sino, por el contrario, su objetivo final es poner en duda el carácter de la persona en cuestión. Ahora bien, Lashón HaRá es diferente de Hotzaat Shem Ra; es decir, del perjurio. El perjurio es un testimonio falso, es una mentira acerca de alguien, acá no importa la "intención", es una mentira y por ende la intención es inapropiada y por consiguiente única, no hay duda en la "intención". El perjurio también está prohibido por la Torá y también es un acto que va en contra de la Mitzvá positiva de amar al prójimo; sin embargo, no es un acto tan recurrente como el Lashón HaRá.

A continuación, ilustraré con una situación que me sucedió hace ya varios años lo que yo llamo el paradigma de Lashón HaRá. La historia es la siguiente:

En determinado momento llega a mis oídos un rumor negativo sobre el presidente de la comunidad y decido llamar al matrimonio involucrado en dicho incidente para preguntarles qué es lo que está pasando; entonces, ellos me cuentan lo sucedido: Estando la familia poniéndole gasolina al carro ven entrar al presidente de la comunidad a un restaurante treif muy popular. Todos quedan atónitos y la primera reacción de la esposa es ir y confrontar al presidente de semejante atrocidad; sin embargo, el esposo le dice que no lo haga por cuanto alguien puede pasar y la puede ver entrar al restaurante treif y entonces pensarán que ella no cumple las leyes de Kashrut. Entonces me preguntan, "¿cómo es posible que el presidente, que supuestamente es tan ortodoxo, esté haciendo esto? Frente a la pregunta, les confirmo que efectivamente el presidente de la comunidad va a esa cadena de restaurantes con bastante frecuencia porque él es el proveedor de las máquinas dispensadoras y ese es su trabajo, nada malo en ello. Frente a mi respuesta ellos quedan perplejos y se sienten extremadamente avergonzados. Ellos ya se habían entregado a la labor de dispersar lo acontecido a varios miembros del Shul; entonces, les doy las instrucciones para corregir su proceder y así no desarrollar más inconvenientes para ninguna de las partes afectadas. Si bien, es cierto que el presidente va con frecuencia a esos restaurantes, la intención de él no es comer ahí, pero la "intención" de ellos es "asumir" que el propósito del presidente es comer treif en ese lugar y eso es lo que lo hace un caso clásico de Lashón HaRá, la "intención" bajo la cual se da la información.

Aparte de ser tan claro el ejemplo, este caso nos lleva al entendimiento del concepto de "intención" y lo delicado que ello es. Debido a lo complicado del asunto y lo fácil que es caer en él, nuestros sabios crearon cercos Halájicos para que no caigamos en el error de una "mala intención" y por consiguiente evitar transgredir la prohibición de Lashón HaRá. Estoy hablando del término Halájico de Merat Hayin; a saber, la apariencia del ojo.

Merat Hayin hace referencia a situaciones en las cuales la apariencia puede dar a entender algo equivocado, como en el caso anterior. Las leyes de Merat Hayin se establecieron para que no caigamos en Lashón HaRá. Un ejemplo de Merat Hayin puede ser el siguiente: Si llueve en Shabat o nos regamos algo y nos mojamos no podemos colgar la ropa mojada. ¿Por qué? Por Merat Hayin, porque se puede dar la apariencia de que se lavó ropa en Shabat y esto puede conllevar a que alguien vea la ropa colgada y piense que esa persona está quebrando Shabat y se divulgue tal acción llevando al observador al pecado de Lashón HaRá. Esto es lo que hace a Lashón HaRá un pecado tan fácil de transgredir.

Sin embargo, nuestra Halajá también exige que todo judío le dé el beneficio de la duda a cualquier posible apariencia de un acto prohibido llevado a cabo por alguien y más allá de ello, prohibe la expresión verbal de semejante suposición; entonces, son los dos lados de la moneda los que se necesitan tener en cuenta para no caer en Lashón HaRá. En el ejemplo anterior, tecnicamente el observador debería pensar: "Se le olvidó descolgar su ropa antes de Shabat y ya no lo puede hacer". De esta forma lograríamos evitar el Lashón HaRá e incluso el Motzi Shem Ra. 

Ahora bien, Lashón HaRá no sólo puede encontrar su origen en una situación como la explicada anteriormente, su origen puede ser aún más profundo y más corrosivo contra la Mitzvá de amar al prójimo, su origen puede yacer en el terrible acto de Sinat Jinam (odio sin causa). Está escrito en el Talmud, en Yoma 9b: "¿Por qué fue destruido el Primer Templo? Por tres pecados, idolatría, adulterio y asesinato... Pero el Segundo Templo, cuando los judíos estábamos entregados al estudio de Torá, Mitzvot y actos de bondad, ¿por qué fue destruido? Por el Sinat Jinam que existía en esa época. Esto nos enseña que el Sinat Jinam es equivalente a los tres pecados de idolatría, adulterio y asesinato".

Sinat Jinam es uno de los actos más despreciables dentro del judaísmo, es el odio sin causa que se siente por otro judío sin razón o motivo alguno. No sólo nos puede llevar a Lashón HaRá sino que también nos puede llevar al perjurio, a avergonzar y odiar a otro judío, a guardar rencor, a vengarnos y no sólo está el daño casi irreversible hacia el otro sino el daño que le hacemos constante y permanente a nuestra Neshamá y en esa línea de ideas la falta que estamos cometiendo contra Dios y Sus Mandamientos. 

Esto me hace recordar otra anécdota que me sucedió de Bojur en la Yeshivá.

Debido a que es nuestra costumbre tener una salida ecológica en Lag BaOmer, la Yeshivá decidió llevarnos a un parque natural y así mismo lo hizo la Yeshivá del otro pueblo. La idea era tener un partido de fútbol amistoso y enseguida tener un almuerzo campestre con ambas Yeahivot. Al llegar la otra Yeshivá hubo cierta fricción pero nada alarmante; sin embargo, el partido no fue nada amistoso y nuestra Yeshivá al obtener la victoria decidió celebrar tirándole harina a los de la otra Yeshivá; quienes por cierto, tenían reputación de pedantes, así que para ponerlos en su lugar decidimos echarle harina a los Bajurim y al bus de la otra Yeshivá. Al suceder esto, el Rosh Yeshivá nuestro nos acerca y nos dice: "¿Qué clase de comportamiento es este? ¿Cómo es posible que jóvenes religiosos se entreguen a un acto de vandalismo como este? ¿Cómo es posible que les surja ese odio sin causa alguna contra otro judío? ¿Cómo pueden amar a Dios si no aman a otros judíos que son una extensión de Dios? ¿Cómo es posible que se llegue al punto de odiar a otro judío con o sin razón? ¿Cómo nos podemos odiar entre nosotros? Hay tanta gente y tantos pueblos que ya nos odian por el solo hecho de ser judíos, ¿Cómo es posible que nosotros nos odiemos a nosotros mismos sin razón alguna? Entonces, si nosotros no nos amamos unos a otros, ¿quién nos va a amar?". Esas palabras se quedaron conmigo por siempre, me enseñaron la importancia de amar a nuestro prójimo en carne propia, me hicieron dar cuenta que el Sinat Jinam nos puede llevar a los actos más repulsivos como judíos contra otros judíos y así manchar nuestra alma cometiendo un pecado tan atroz como lo es no amar a otro judío como a uno mismo y por consiguiente no amar a Dios porque todos los judíos somos parte de Dios. 

En conclusión, el asunto es muy simple: Al amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (no propagando chismes, no cometiendo perjurio, no robando, no avergonzando a otro judío, no guardando rencor, no tomando venganza, etc...) estamos amando a Dios porque al fin de cuentas, ¿Cómo podemos amar a Dios si odiamos a nuestro vecino sabiendo que Dios nos ama a todos? Sería como, Jas BeShalom, no amar un aspecto de la Divinidad y Unidad de Dios y eso es algo que jamás haríamos como judíos porque eso es lo que nos hace judíos.