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El consuelo de Tzión

Por: Dr Natalio Daitch

"Pues el Eterno consolará a Tzión, Él consolará todas sus ruinas. Él convertirá su desierto en Edén y su desolación en un jardín del Eterno. En ella habrá gozo y alegría, agradecimiento y sonido de música" Isaías 51-3. (Versículo final de la Haftará de la Parashá de Ekev)

Shiva denejemata

Es el nombre que se da a las 7 haftarot de consuelo (porción de los profetas que acompaña cada Shabat la lectura semanal de la Parashá o capítulo de la Torá o Pentateuco) que median entre el 9 de av y Rosh Hashaná. Obviamente, que entre cada parashá y haftará existe un nexo o un punto vinculante.

Si ahondamos en el tópico, sorprende como cada tiempo y su lectura correspondiente encastran a la perfección, con el objetivo de guiar (como un algoritmo) a cada judío en su preparación espiritual, que es cíclica, en cada año de su vida, en la preparación para el paso siguiente.

Consuelo. Etimología

Consuelo proviene del latín consolar que significa dar apoyo o resguardo. Y también podemos extender y con la ayuda de Wikipedia y el diccionario mencionar que: se trata de un paliativo, o la interrupción o desaparición de aquello que aflige el ánimo. Y también se podría explicar como algo que confiere alivio haciendo que la angustia o la pena se sientan con menor intensidad o queden de lado.

Destrucción y consuelo

La Torá permite identificar pasos o etapas que deben cumplirse, en lo individual y en lo colectivo. El pecado, entiéndase como transgredir la palabra de Hashem en cualquiera de sus formas y matices, y que trae como consecuencia un castigo. Y el castigo viene con destrucción, que provoca sufrimiento y heridas, las cuales provocan un despertar de la conciencia y del alma judía. Pero, amén, de que todo esto debe fogonear la teshuvá o el retorno del pueblo a su Creador, se requiere un cuidado paliativo, un espacio de acompañamiento que ayude a cicatrizar las heridas. Un bálsamo. Y poner al individuo en posición de poder reiniciar una nueva etapa que debería mejorar su servicio a D'os y a sus semejantes, alentado por este ayuda memoria que se deriva de la experiencia vivida como fracaso y frustración y dolor y vergüenza, pero que no paraliza, por el contrario, tiene un sentido de proyectar al iehudi en una espiral ascendente para que, fruto de este aprendizaje, pueda evolucionar y subir en la escalera del Patriarca Yaakov.

Superación y fracaso

En la Torá cada tema que presenta cercanía física con otro tópico, los rabinos afirman que tienen relación entre sí. Igualmente, esta conectividad se puede apreciar en el Calendario judío, en la secuencia de las festividades que se suceden, junto a las estaciones y los signos zodiacales que las representan.

El consuelo y la reparación de las heridas corporales y espirituales, son la antesala o el paso ineludible para posibilitar lo que se denomina Teshuvá o retorno a la buena senda, dejando de lado toda clase de pecados y yerros. La Teshuvá involucra 4 pasos o etapas a saber: 1_ Arrepentimiento, 2_Cesación,3_ Confesión y pedir perdón, y por último, el 4to paso que es la Resolución o decidir no repetir dichos actos.

El comienzo en pocos días del mes de Elul y el inicio del período de Selijot (buscar el perdón divino y de nuestros semejantes), ponen en evidencia que estamos frente a un combo especial e inteligentemente preparado para un buen lavado del alma. Todo esto a la espera de un buen decreto o dictamen en el día de Rosh Hashaná y todo lo que continua. Es decir, un nuevo crédito de vida y bienestar por parte del Todopoderoso.

Consuelo

Resulta claro, que el tikún o el arreglo de nuestras falencias o debilidades y pecados, no es un tema sencillo sea en lo individual y en lo colectivo. Consecuencia de ello es, la necesidad de reciclar o repetir este circuito a lo largo de siglos y varios milenios.

Evidentemente la reincidencia (tan habitual) del ser humano en caer en las trampas del Yetzer Hará (mal instinto o eterno probador) se presenta como un obstáculo muy difícil de salvar para acelerar la gueulá o redención final del pueblo judío y de la humanidad toda.

No obstante, no hay salida. El hombre debe intentarlo cada año, todos los años de su vida, y por el otro lado, el Creador, conocedor de las debilidades y fallas presente en la naturaleza humana, promete que, pese a todo, habrá un consuelo final a todo nuestro sufrimiento histórico.

Para concluir, somos una generación privilegiada, hemos vivido en dos siglos distintos, y hemos presenciado la resurrección nacional judía, el surgimiento del Estado de Israel, solo unos pocos años más tarde, que la mayor garra destructiva fagocitara a un tercio del pueblo judío.

Igualmente, penosos acontecimientos que se viven en el presente podrían representar los dolores de parto que preceden a la llegada del Meshíaj judío, la restauración del Tercer Templo en Yerushaláim, la reunión de las diásporas, la resurrección de los muertos, y una nueva era de paz para el orbe, que hoy nos parece algo utópico o imposible se impondrá a una humanidad jaqueada por peligros de extinción universal. Como afirma el Sabio Maimónides en uno de sus Trece Principios de la Fe judía, pero la pregunta final es: "¿cuál es el precio que se deberá pagar antes de la llegada del esperado redentor?". No cabe duda que se trata de una película con un final abierto. No obstante, la resolución del conflicto humano, no puede prolongarse demasiado, ya que los tiempos históricos se han acelerado en las últimas décadas como nunca antes había sucedido, y solo la letra del mayor de los tres grandes profetas, constituye el último reducto o bastión, de que hay una luz al final del túnel, y solo las Sagradas Escrituras constituyen la esperanza final de todas las almas (amantes de Tzión) que aguardan que D'os cumpla su promesa ante nuestros ojos, y en nuestros días".