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Paz y judaísmo

Por: Rav Daniel Shmuels

“Nuestros rabinos nos enseñaron: Nosotros mantenemos al no judío pobre junto al pobre de Israel, visitamos al enfermo no judío junto con el enfermo de Israel y enterramos al no judío muerto junto con el muerto de Israel para mantener la paz” Guetin 61a.

En estos momentos de turbulencia y dificultad para todo Israel y en general a nivel mundial, la palabra paz resulta más frágil que nunca. Parece desvanecerse en el horizonte para intentar regresar en un latido que nos deja suspendidos en un eterno vilo. Por obvias razones y gusto personal no pretendo entrar en un argumento político a favor de nadie sino más bien intentaré presentar la importancia de esta palabra para el judaísmo y el lugar que debe tener dentro de la escala de valores en nuestro proceder como judíos. 

Muy probablemente el ejemplo más claro y más cercano a nuestro diario vivir en relación con la importancia de la palabra paz se encuentra en las oraciones más importantes que recitamos todos los días y en ocasiones especiales. La Amidá, el Kadish, el Birkat HaMazón y la Birkat HaCohanim, todas terminan con la palabra paz. Muy probablemente esas oraciones terminan con la palabra paz porque nuestros sabios sabían que como judíos eso es lo que anhelamos. Es más, nuestro tradicional y cordial saludo dentro del judaísmo es Shalom, paz. Entonces, ¿por qué nos encontramos hoy en día tan lejos de ella?

Verdad sea dicha, claramente hay ocasiones donde nuestro judaísmo permite, de hecho exige, que haya guerra contra otros pueblos. Así mismo, ha habido ocasiones donde se ha optado por una reacción no violenta como respuesta a un conflicto. No en nombre de la paz per sé sino porque tácticamente es la estrategia más apropiada a seguir; sin embargo, ello no quiere decir que minimizar la violencia no es un valor judío porque obviamente sí lo es. No son ellos, no somos nosotros, son las circunstancias que nos involucran a todos y tenemos que afrontarlas de la mejor manera táctica que podamos sin abandonar el norte que nuestro proceder siempre debe ser. 

La Torá nos enseña: “Cuando os acerquéis a una ciudad para pelear contra ella, debéis proclamarle paz” (Deut 20:10). En este contexto, proclamarle paz implica ofrecerle al pueblo rival la posibilidad de rendirse. Esto nos evidencia que en la esencia moral del judaísmo bíblico prevalece una solución no violenta a un conflicto, prevalece la paz. Ahora bien, si esa propuesta es puesta a un lado por el bando contrario nuestro proceder está igualmente establecido y ese debe ser nuestro proceder para eventualmente llegar a la paz.

La importancia de la paz para el judaísmo es fundamental y está claramente expresada en  Pirkei Avot 1:18 cuando dice: “Raban Shimeon Ben Gamliel dijo, el mundo se sostiene sobre tres cosas: la justicia, la verdad y la paz”. Eventualmente, Rav Muna nos enseña que las tres cosas son una sola cuando dice que si la justicia está presente entonces la verdad está presente y por consiguiente hay paz. Un posible análisis de dicha explicación propone que en última instancia la paz es el fin primordial tanto de la justicia como de la verdad. 

Empero, debido a los decretos de nuestros rabinos, parecería que más allá de la justicia y verdad lo que debe prevalecer a toda costa es la paz. De hecho; de acuerdo al Talmud, hay instancias en las cuales está permitido desviarse de la verdad para establecer la paz. En ese mismo sentido, hay toda una categoría de mandamientos rabínicos que se rigen bajo el nombre de Mipnei Darkhei Shalom, por el interés de la paz. El primer párrafo de este texto apunta directamente a esta categoría, es debido a Mipnei Darkhei Shalom, por el interés de la paz, que debemos proveer sustento al no judío pobre; de ahí en adelante, son muchas más las situaciones que se agregan al listado y para todo gusto y disgusto hay.

Por el interés de la paz, ese debería ser nuestro norte inmediato, no a futuro, no sólo para Israel sino para toda la humanidad. Efectivamente, hay muchas instancias que reclaman guerra y muchas instancias logísticas que carecemos para que ellas se puedan llevar a cabo; así mismo, existen muchas opiniones rabínicas, laicas y de toda índole que proponen soluciones para que se pasen por encima los obstáculos logísticos que impiden ir a guerra de acuerdo al judaísmo y entonces continuemos luchando por nuestras vidas. Serán una o varias guerras las que permitirán la subsistencia del pueblo judío y su paz eventual, en última instancia se obtendrá la paz, pero para ello hay que ir a la guerra, muchas opiniones dirán. Bajo esta óptica podemos continuar con un listado casi infinito para justificar la guerra que eventualmente traerá la paz. Aquí lo expreso, todas esas opiniones e interpretaciones de nuestra ley son válidas en tanto cada uno de nosotros vive una verdad y una realidad particular; empero, la letra de la ley está ahí con su contexto claro y puntual. Pero, ¿la paz de la que hablamos es sólo para Israel o implica al mundo no judío también? ¿Podrán existir dos etapas de paz, una primera para Israel y otra para el resto del mundo?

La respuesta a esas preguntas es a lo que principalmente quería llegar. La palabra paz en hebreo no es el opuesto contrario de guerra. La palabra Shalom implica un aspecto de completud y perfección más allá de solamente la paz, un estado de Shlemut. De hecho, en nuestra sagrada Torá la palabra Shalom es utilizada para hablar de prosperidad y bienestar no solamente de paz. Completud, perfección, prosperidad, bienestar y paz son palabras que nos ubican en un estado ideal de ser y estar. Como judíos es a ello a lo que debemos apuntar día a día, ese debe ser nuestro gol diario y permanente. Esa es la paz inmediata que le compete a Israel; sin embargo, me es imprescindible decir que también es su supervivencia como pueblo y ahí yace la ambivalencia que nos mantiene en sosiego. 

De acuerdo a nuestra tradición oral, ese estado de perfección, de paz, sólo sucederá con la llegada del Moshiaj Tzidkeinu. Como nos lo enseña Yeshayahu HaNaví: “Ninguna nación levantará espada contra otra nación, tampoco conocerán la guerra nunca más” (Isaías 2:4). Esto implica que en la era mesiánica la paz será parte de una armonía general para todos, judíos y no judíos. Y esa es la luz de esperanza que todos podemos ver al final del túnel, es creer todos los días de nuestra vida, con fe perfecta, que el Moshiaj Tzidkeinu vendrá cuando el Eibishter así lo decida; para que entonces, todos accedamos a ese estado de paz que todos anhelamos en el aquí y el ahora. 

Que el único Creador de todo el universo proteja a Klal Israel, sus fieles siervos a través de los siglos, con Su manto de paz, prosperidad y bienestar. ¡Shalom, Shalom, Shalom!